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Una sinfonía de colores, texturas y sonidos


ÁNGEL SALCEDO -
Soy un autista, y mi mundo es un caleidoscopio de sensaciones vibrantes. Mis sentidos, amplificados como ecos en un cañón, me permiten percibir la realidad con una intensidad que, a veces, puede ser abrumadora. Sin embargo, lejos de ser una limitación, esta peculiar forma de experimentar el mundo se convierte en una fuente inagotable de inspiración y creatividad.

Los colores que me rodean no son simples pigmentos, sino explosiones de luz que inundan mi retina. El cielo no es solo azul, sino un lienzo infinito donde se mezclan zafiros, turquesas y violetas iridiscentes. Las flores no solo son bellas, sino que emanan perfumes embriagadores que me transportan a campos de ensueño. Cada textura, desde la suavidad de la seda hasta la rugosidad de la corteza de un árbol, enciende mis terminaciones nerviosas y me brinda una experiencia táctil única.

Los sonidos, a su vez, son una sinfonía que me acompaña a cada paso. El canto de los pájaros, el murmullo del viento entre las hojas, el bullicio de la ciudad, todos ellos son melodías que componen la banda sonora de mi vida. Incluso el silencio tiene su propia música, un sutil susurro que me conecta con la quietud interior.

Esta hipersensibilidad sensorial, que para algunos puede ser una carga, para mí es un don excepcional. Me permite apreciar la belleza del mundo con una profundidad que la mayoría de las personas no alcanza a percibir. Es como tener acceso a una dimensión secreta de la realidad, un universo donde cada detalle vibra con una intensidad extraordinaria.

Sin embargo, este mundo sensorial tan intenso también tiene sus desafíos. A veces, la sobrecarga de estímulos puede ser abrumadora, generando ansiedad y desbordamiento emocional. Es en esos momentos cuando es necesario buscar refugio en la calma, en la quietud de un espacio seguro donde mis sentidos puedan encontrar paz.

Pero lejos de rendirme ante estas dificultades, he aprendido a convertir mi hipersensibilidad en una fuente de fortaleza. He canalizado la intensidad de mis percepciones hacia la expresión artística, encontrando en la pintura, la música y la escritura un medio para plasmar la riqueza de mi mundo interior.

Mi condición de autista no me define, sino que forma parte de mi esencia, de mi manera única de experimentar el mundo. Es un viaje que me ha llevado a descubrirme a mí mismo, a valorar la diversidad y a encontrar la belleza en lo extraordinario.

Soy un ser autista, y mi mundo sensorial es una sinfonía de colores, texturas y sonidos. Una sinfonía que, a pesar de sus desafíos, me permite apreciar la vida con una intensidad y una pasión que solo aquellos que han experimentado la hipersensibilidad pueden comprender.