Un viaje de experiencias y emociones
ÁNGEL SALCEDO - La vida, esa sinfonía de momentos que componen nuestra existencia, no es una simple línea recta, sino un torbellino de experiencias que nos moldean y definen. Es un lienzo en blanco donde cada uno plasma su propia historia, pincelada a pincelada, decisión a decisión.
Para mí, la vida se divide en tres movimientos: el pasado, una melodía que ya sonó y no podemos reescribir; el presente, el compás que marca nuestro ritmo actual; y el futuro, una partitura aún por componer, llena de posibilidades.
El pasado, ese baúl de recuerdos, no debe definirnos ni limitarnos. Es importante reconocerlo, aceptarlo y aprender de él, pero no quedarnos atrapados en sus ecos. Lo que hoy resuena es lo que realmente importa. Es el momento de elegir la paz, de no negociar nuestra felicidad con el fantasma del ayer.
La vida, como una danza, se mueve al ritmo de causa y efecto. Decretar con alegría nuestros sueños, sonreír con el alma ante nuestros anhelos, son pasos de baile que nos acercan a nuestras metas. Tomar decisiones conscientes, apoyar al prójimo, servir a la comunidad, construir un mundo mejor, caminar con honestidad, nobleza y humildad, son coreografías que atraen la magia a nuestro alrededor.
El tiempo es fugaz, como una melodía que se desvanece. Si no encontramos la armonía en nuestro lugar actual, es momento de movernos, de soltar lo que nos pesa, de alejarnos de aquello que nos hiere. Es un paso valiente que abre las puertas a la felicidad genuina.
No temamos comenzar de nuevo cuantas veces sea necesario. La vida es una danza constante de aprendizaje y crecimiento. No hay miedo, solo la emoción de un nuevo compás por descubrir. Esta vida es nuestra única obra de arte, hagámosla brillar con luz propia.